¿A QUE LLAMAMOS PERUANIDAD?
Llamemos peruanidad a las
distintas identidades y manifestaciones que hemos construido los peruanos a
partir de un legado cultural (historia, sociedad, geografía, idioma,
literatura, arte, religión, política, etc.). que nos otorga características
propias, diferenciándonos de otras comunidades aledañas y lejanas a nuestro
territorio. Estas características y
expresiones propias crecieron y se fortalecieron en unión a otras expresiones
traídas desde horizontes muy lejanos, haciendo variopinta esta sociedad. La
peruanidad es un sentido de pertenencia, de compromiso de identificación con el
Perú. (1)
En esta línea de reflexión,
podemos señalar entonces que hay dos elementos que han contribuido a lo que
llamamos peruanidad. El primero, el nativo, milenario y propio. El otro, el que
ha sumado rasgos y características viniendo desde afuera, desde distintas
latitudes, en los últimos quinientos años.
Los elementos autóctonos de la
peruanidad, radican en ese conjunto de culturas que se asentaron en el
territorio nacional. Quechuas, aymaras,
ashánincas, huitotos y otras decenas de culturas andinas y amazónicas que, en
algunos casos, lastimosamente ya ni existen, pero contribuyeron
primigeniamente.
El otro aporte que se suma a lo
nuestro, es lo foráneo, traído desde distintas partes del mundo, provenientes
de occidente principalmente. Dejaron su legado mezclándose con las culturas
locales, aun por la fuerza y la imposición, a esto se suma la contribución
menor de los afroperuanos y de las migraciones orientales, desde que se produjo
la conquista del Perú.
Cada grupo humano, cada
nacionalidad ha contribuido con su cultura de manera pequeña o significativa en
la peruanidad. No obstante, cada elemento cultural material e inmaterial se fue
peruanizando. El hombre andino fue incorporando los aportes que provenían del extranjero,
adecuando a sus gustos, costumbres y tradiciones. Por eso el Perú desarrolló
una de las gastronomías más famosas del planeta, mezcla de los alimentos,
plantas e insumos nativos y extraños. Los instrumentos de música se fueron
andinizando, el violín y la guitarra por ejemplo. Otras artes igualmente encontraron insumos,
naciendo vigorosas manifestaciones indigenistas que se expresaron en la pintura
y literatura principalmente. La religión
fue fundida compulsivamente desde los elementos
cristianos con el panteísmo andino, todavía se yerguen inmensos crucifijos en
las colinas que alguna vez fueron adoratorios nativos. En el lenguaje escrito,
muchos sustantivos propios y comunes de origen castellano, viraron para tomar
rasgos quechuas, y así, se puede citar otros vínculos y complementos entre lo
castizo y lo forastero.
En siglos de contacto, sería poco
sensato desdeñar los aportes del extranjero. El Perú es éste, cinco siglos
después. No hay retorno, ni con el ideólogo o político más radical. Lo importante
en esta hora, es fortalecer este mosaico humano repleto de manifestaciones
culturales y que se reconozcan con deferencia las distintas maneras de pensar,
creer, sentir, vestir, hablar…. Es decir, la de aceptar la forma de vivir de la
otra persona, de cada poblador peruano, para garantizar una convivencia
horizontal y democrática.
Seguramente, las posturas sobre la peruanidad sean distintas. Y se respetan. No es de ahora. Cada intelectual propone una visión, una perspectiva desde su ubicación social, ideológica e incluso económica. La polémica sobre esta cuestión ha sido y es permanente, cada quien, desde su lugar, desde su educación y claro, desde sus intereses.
Empero, si tratamos de responder a la pregunta que da origen al este artículo, haciendo un serio e imparcial análisis y reflexiones al respecto, podemos asegurar que la peruanidad, descansa en lo nativo, lo andino y lo amazónico. A esto se suman otros elementos traídos desde diferentes latitudes del mundo. Reitero, lo nativo es el pilar de nuestra peruanidad. ¿Que sería del Perú, sin la existencia del sur andino, sin el aporte de las contribuciones amazónicas? Seguramente nuestro país no se diferenciaría mucho de las manifestaciones culturales de otras ciudades de América y aun de Europa Occidental. Lo andino y amazónico están impregnados en el paisaje cultural, expresado en centenares de vestigios dejados en miles de años de ocupación de esta parte de la América. El paisaje natural conserva también la actitud de respeto del hombre nativo hacia la naturaleza y sus elementos. No se podría comprender el Perú, solo con el aporte de las culturas extranjeras.
Mantener esta peruanidad con
rasgos propios, en los últimos siglos ha sido una tarea colosal. Solo los
nativos, como creadores y portadores de su cultura, supieron defenderla y
conservarla. Pese al desprecio y arrinconamiento de nuestras manifestaciones
por la clase política dominante. Nuestras lenguas, los vestidos, los alimentos,
las tradiciones, en fin, todos los elementos culturales fueron minimizados y
desdeñados. Felizmente a pesar de siglos
de dominación conservamos, por ahora, rasgos básicos de la peruanidad. No
obstante, reitero, el aporte vital a la construcción de la peruanidad, sigue
siendo de los grupos originarios.
Que sería de la peruanidad, si soslayamos
el arte, manifestada en las artesanías, el sinnúmero de danzas y estampas
folclóricas. En la literatura desarrollada magistralmente por los provincianos
Arguedas, Vallejo, por citar solo a sus dos mayores exponentes. Que sería del
Perú sin su música andina diversa, creada y expresada peculiarmente en cada
rincón del país. No se podría entender esta amada patria sin sus tubérculos,
sus cereales, sus frutas, sus comidas y un largo etcétera.
Es admirable, cuando cualquier
persona recorre el país, o visita los pueblos más alejados del Perú, va a
encontrar un sinnúmero de manifestaciones culturales. Cada pueblo mediano o
pequeño, conserva costumbres y tradiciones que indican afortunadamente que lo
andino y amazónico siguen vivos. En esta hora fundamental, en el día de la
peruanidad, queda decir a nuestros hijos y a las nuevas generaciones que la
modernidad no arrase con lo nuestro, que el individualismo y ambición de
occidente no entierre lo más valioso de nuestro pueblo, su rostro, su alma y su
corazón.
(1)
Este término fue acuñado por el escritor peruano Víctor Andrés Belaunde,
quien lo describe como “sentimiento de identidad que vincula a los pueblos y
habitantes del Perú, basado en el afecto hacia sus tradiciones y la fe en su
destino”.

















